26 janv. 2009

El extraño caso del Señor Waldemar

por Edgar Allan Poe


No pretenderé, naturalmente, opinar que no exista motivo alguno para asombrarse de que el caso extraordinario del señor Valdemar haya promovido una discusión. Sería un milagro que no hubiera sucedido así, especialmente en tales circunstancias. El deseo de todas las partes interesadas en mantener el asunto oculto al público, al menos hasta el presente o hasta que haya alguna oportunidad ulterior para otra investigación, y nuestros esfuerzos a ese efecto han dado lugar a un relato mutilado o exagerado que se ha abierto camino entre la gente, y que llegará a ser el origen de muchas falsedades desagradables, y, como es natural, de un gran descrédito.
Se ha hecho hoy necesario que exponga los hechos, hasta donde los comprendo yo mismo. Helos sucintamente aquí:
Durante estos tres últimos años ha sido repetidamente atraída mi atención por el tema del mesmerismo o hipnotismo animal, y hace nueve meses, aproximadamente, se me ocurrió de pronto que en la serie de experimentos efectuados hasta ahora existía una muy notable y muy inexplicable omisión: nadie había sido aún hipnotizado in articulo mortis. Quedaba por ver, primero, si en semejante estado existía en el paciente alguna sensibilidad a la influencia magnética; en se gundo lugar, si, en caso afirmativo, estaba atenuada o aumentada por ese estado; en tercer lugar, cuál es la extensión y por qué período de tiempo pueden ser detenidas las intrusiones de la muerte con ese procedimiento. Había otros puntos que determinar; pero eran éstos los que mas excitaban mi curiosidad, el último en particular, dado el carácter enormemente importante de sus consecuencias.
Buscando a mi alrededor algún sujeto por medio del cual pudiese comprobar esas particularidades, acabé por pensar en mi amigo el señor Ernesto Valdemar, compilador muy conocido de la Bibliotheca Forensica y autor (bajo el nom de plume de Issachar Marx) de las traducciones polacas de Wallenstein y de Gargantúa. El señor Valdemar, que había residido principalmente en Harlem. N. Y., desde el año de 1839, es (o era) notable sobre todo por la excesiva delgadez de su persona – sus miembros inferiores se parecían mucho a los de John Randolp – y también por la blancura de sus cabellos, que, a causa de esa blancura, se confundían de ordinario con una peluca. De marcado temperamento nervioso, esto le hacía ser un buen sujeto para las experiencias magnéticas. En dos o tres ocasiones le había yo dormido sin dificultad; pero me sentí defraudado en cuanto a otros resultados que su peculiar constitución me había hecho, por supuesto, esperar. Su voluntad no quedaba en ningún momento positiva o enteramente bajo mi influencia, y respecto a la clairvoyance (clarividencia), no pude realizar con él nada digno de mención. Había yo atribuido siempre mi fracaso a esas cuestiones relacionadas con la alteración de su salud.
Algunos meses antes de conocerle, sus médicos le habían diagnosticado una tisis comprobada. Era, en realidad, costumbre suya hablar con toda tranquilidad de su cercano fin como de una cuestión que no podía ni evitarse ni lamentarse.
Respecto a esas ideas a que he aludido antes, cuando se me ocurrieron por primera vez, pensé como era natural, en el señor Valdemar. Conocía yo la firme filosofía de aquel hombre para temer cualquier clase de escrúpulos por su parte, y no tenía él parientes en América que pudiesen, probablemente, intervenir. Le hablé con toda franqueza del asunto, y ante mi sorpresa, su interés pareció muy excitado. Digo ante mi sorpresa, pues aunque hubiese él cedido siempre su persona por libre albedrío para mis experimentos, no había demostrado nunca hasta entonces simpatía por mis trabajos. Su,enfermedad era de las que no admiten un cálculo exacto con respecto a la época de su término mortal. Quedó, por último, convenido entre nosotros que me mandaría llamar veinticuatro horas antes del período anunciado por sus médicos como el de su muerte.
Hace más de siete meses que recibí la siguiente esquela del propio señor Valdemar:
«Mi querido P***:
»Puede usted venir ahora. D*** y F** están de acuerdo en que no llegaré a las doce de la noche de mañana, y creo que han acertado con el plazo exacto o poco menos.
VaIdemar. »
Recibí esta esquela una media hora después de haber sido escrita, y a los quince minutos todo lo más, me encontraba en la habitación del moribundo. No le había visto en diez días, y me quedé aterrado de la espantosa alteración que en tan breve lapso se había producido en él. Su cara tenía un color plomizo, sus ojos estaban completamente apagados, y su delgadez era tan extremada, que los pómulos habían perforado la piel. Su expectoración era excesiva. El pulso, apenas perceptible. Conservaba, sin embargo, de una manera muy notable sus facultades mentales y alguna fuerza física. Hablaba con claridad, tomaba algunas medicinas calmantes sin ayuda de nadie, y cuando entré en la habitación, se ocupaba en escribir a lápiz unas notas en un cuadernito de bolsillo. Estaba incorporado en la cama, gracias a unas almohadas. Los doctores D*** y F*** le prestaban asistencia.
Después de haber estrechado la mano del señor Valdemar, llevé a aquellos caballeros aparte y obtuve un minucioso informe del estado del paciente. El pulmón izquierdo se hallaba desde hacía ocho meses en un estado semióseo o cartilaginoso y era, por consiguiente, de todo punto inútil para cualquier función vital. El derecho, en su parte superior, estaba también parcial, si no totalmente osificado, mientras la región inferior era sólo una masa de tubérculos purulentos, conglomerados. Existían varias perforaciones extensivas, y en cierto punto había una adherencia permanente de las costillas. Estas manifestaciones en el lóbulo derecho eran de fecha relativamente reciente. La osificación había avanzado con una inusitada rapidez; no se había descubierto ningún signo un mes antes, y la adherencia no había sido observada hasta tres días antes. Con independencia de la tisis, se sospechaba un aneurisma de la aorta, en el paciente; pero sobre este punto, los síntomas de osificación hacían imposible un diagnóstico exacto. En opinión de los dos médicos, el señor Valdemar moriría alrededor de medianoche del día siguiente (domingo). Eran entonces las siete de la noche del sábado.
Al separarse de la cabecera del doliente para hablar conmigo, los doctores D*** y F*** le dieron un supremo adiós. No tenían intención de volver; pero, a requerimiento mío, consintieron en venir a visitar de nuevo al paciente hacia las diez de la noche inmediata.
Cuando se marcharon hablé libremente con el señor Valdemar sobre su cercana muerte, así como en especial del experimento proyectado. Se mostró decidido a ello con la mejor voluntad, ansioso de efectuarlo, y me apremió para que comenzase en seguida. Estaban allí para asistirle un criado y una sirvienta; pero no me sentí bastante autorizado para comprometerme en una tarea de aquel carácter sin otros testimonios de mayor confianza que el que pudiesen aportar aquellas personas en caso de accidente repentino. Iba a aplazar, pues, la operación hasta las ocho de la noche siguiente, cuando la llegada de un estudiante de Medicina, con quien tenia yo cierta amistad (el señor Teodoro L***l), me sacó por completo de apuros. Mi primera intención fue esperar a los médicos; pero me indujeron a obrar en seguida, en primer lugar, los apremiantes ruegos del señor Valdemar, y en segundo lugar, mi convicción de que no podía perder un momento, pues aquel hombre se iba por la posta.
El señor L***l fue tan amable, que accedió a mi deseo de que tomase notas de todo cuanto ocurriese, y gracias a su memorándum, puedo ahora relatarlo en su mayor parte, condensando o copiando al pie de la letra.
Faltarían unos cinco minutos para las ocho, cuando, cogiendo la mano del paciente, le rogué que manifestase al señor L***l, lo más claramente que le permitiera su estado, que él (el señor Valdemar) tenía un firme deseo de que realizara yo el experimento de hipnotización sobre su persona en aquel estado.
Replicó él, débilmente, pero de un modo muy audible:
– Sí, deseo ser hipnotizado – añadiendo al punto – : Temo que lo haya usted diferido demasiado.
Mientras hablaba asi, comencé a dar los pases que sabía ya eran los más eficaces para dominarle. Estaba él, sin duda, influido por el primer pase lateral de mi mano de parte a parte de su cabeza; pero, aunque ejercité todo mi poder, no se manifestó ningún efecto hasta unos minutos después de las diez, en que los doctores D*** y F*** llegaron, de acuerdo con la cita. Les expliqué en pocas palabras lo que me proponía hacer, y como ellos no opusieron ninguna objeción, diciendo que el paciente estaba ya en la agonía, proseguí, sin vacilación, cambiando, no obstante, los pases laterales por otros hacia abajo, dirigiendo exclusivamente mi mirada a los ojos del paciente.
Durante ese rato era imperceptible su pulso, y su respiración estertorosa y con intervalos de medio minuto.
Aquel estado continuó inalterable casi durante un cuarto de hora. Al terminar este tiempo, empero, se escapó del pecho del moribundo un suspiro natural, aunque muy hondo, y cesó la respiración estertorosa, es decir, no fue ya sensible aquel estertor; no disminuían los intervalos. Las extremidades del paciente estaban frías como el hielo.
A las once menos cinco percibí signos inequívocos de la influencia magnética. El movimiento giratorio de los ojos vidriosos se convirtió en esa expresión de desasosegado examen interno que no se ve nunca más que en los casos de somnambulismo, y que no se puede confundir. Con unos pocos pases laterales rápidos hice estremecerse los párpados, como en un sueño incipiente, y con otros cuantos más se los hice cerrar. No estaba yo satisfecho con esto, a pesar de todo, por lo que proseguí mis manipulaciones de manera enérgica y con el más pleno esfuerzo de voluntad, hasta que hube dejado bien rígidos los miembros del durmiente, después de colocarlos en una postura cómoda, al parecer. Las piernas estaban estiradas por entero; los brazos, casi lo mismo, descansando sobre el lecho a una distancia media de los riñones. La cabeza estaba ligeramente levantada.
Cuando hube realizado esto eran las doce dadas, y rogué a los caballeros allí presentes que examinasen el estado del señor Valdemar. Después de varias pruebas, reconocieron que se hallaba en un inusitado y perfecto estado de trance magnético. La curiosidad de ambos médicos estaba muy excitada. El doctor D*** decidió en seguida permanecer con el paciente toda la noche, mientras el doctor F*** se despidió, prometiendo volver al despuntar el día. El senor L***l y los criados se quedaron allí.
Dejamos al señor Valdemar completamente tranquilo hasta cerca de las tres de la madrugada; entonces me acerqué a él, y le encontré en el mismo estado que cuando el doctor F*** se marchó, es decir, tendido en la misma posición. Su pulso era imperceptible; la respiración, suave (apenas sensible, excepto al aplicarle un espejo sobre la boca); los ojos estaban cerrados con naturalidad, y los miembros, tan rígidos y f.ríos como el mármol. A pesar de todo el aspecto general no era en modo alguno el de la muerte.
Al acercarme al señor Valdemar hice una especie de semiesfuerzo para que su brazo derecho siguiese al mío durante los movimientos que éste ejecutaba sobre uno y otro lado de su persona. En experimentos semejantes con el paciente no había tenido nunca un éxito absoluto, y de seguro no pensaba tenerlo ahora tampoco; pero, para sorpresa mía, su brazo siguió con la mayor facilidad, aunque débilmente, todas las direcciones que le indicaba yo con el mío. Decidí arriesgar unas cuantas palabras de conversación.
– Señor Valdemar – dije –, ¿duerme usted?
No respondió, pero percibí un temblor en sus labios, y eso me indujo a repetir la pregunta una y otra vez. A la tercera, todo su ser se agitó con un ligero estremecimiento; los párpados se levantaron por sí mismos hasta descubrir una linea blanca del globo; los labios se movieron perezosamente, y por ellos, en un murmullo apenas audible, salieron estas palabras:
– Sí, duermo ahora. ¡No me despierte!... ¡Déjeme morir así!
Palpé sus miembros, y los encontré más rígidos que nunca. El brazo derecho, como antes, obedecía la dirección de mi mano... Pregunté al somnámbulo de nuevo:
– ¿Sigue usted sintiendo dolor en el pecho, señor Valdemar?
La respuesta fue ahora inmediata, pero menos audible que antes:
– No siento dolor... ¡Estoy muriendo!
No creí conveniente molestarle más, por el momento, y no se dijo ni se hizo ya nada hasta la llegada del doctor F***, que precedió un poco a la salida del sol; manifestó su asombro sin límites al encontrar al paciente todavía vivo. Después de tomarle el pulso y de aplicar un espejo a sus labios, me rogó que hablase de nuevo al somnámbulo. Asi lo hice, diciendo.
– Señor Valdemar, ¿sigue usted dormido?
Como antes, pasaron algunos minutos hasta que llegó la respuesta, y durante ese intervalo el yacente pareció reunir sus energías para hablar. Al repetirle por cuarta vez la pregunta, dijo él muy débilmente, de un modo casi ininteligible:
– Sí, duermo aún... Muero.
Fue entonces opinión o más bien deseo de los médicos que se dejase al señor Valdemar permanecer sin molestarle en su actual y, al parecer, tranquilo estado, hasta que sobreviniese la muerte, lo cual debía de tener lugar, a juicio unánime de ambos, dentro de escasos minutos. Decidí, con todo, hablarle una vez más, repitiéndole simplemente mi pregunta anterior.
Cuando lo estaba haciendo se produjo un marcado cambio en la cara del somnámbulo. Los ojos giraron en sus órbitas despacio, las pupilas desaparecieron hacia arriba, la piel tomó un tinte general cadavérico, pareciendo no tanto un pergamino como un papel blanco, y las manchas héticas circulares, que antes estaban muy marcadas en el centro de cada mejilla, se disiparon de súbito. Empleo esta expresión porque lo repentino de su desaparición me hizo pensar en una vela apagada de un soplo. El labio superior al mismo tiempo se retorció, alzándose sobre los dientes, que hacía un instante cubría por entero, mientras la mandíbula inferior cayó con una sacudida perceptible, dejando la boca abierta por completo y al descubierto, a simple vista, la lengua hinchada y negruzca. Supongo que todos los presentes estaban acostumbrados a los horrores de un lecho mortuorio; pero el aspecto del señor Valdemar era en aquel momento tan espantoso y tan fuera de lo imaginable, que hubo un retroceso general alrededor del lecho.
Noto ahora que he llegado a un punto de este relato en que todo lector, sobrecogido, me negará crédito. Es mi tarea, no obstante, proseguir haciéndolo.
No había ya en el señor Valdemar el menor signo de vitalidad, y llegando a la conclusión de que había muerto, le dejábamos a cargo de los criados cuando observamos un fuerte movimiento vibratorio en la lengua. Duró esto quizá un minuto. Al transcurrir, de las separadas e inmóviles mandíbulas salió una voz tal, que sería locura intentar describirla. Hay, en puridad, dos o tres epítetos que podrían serle aplicados en cierto modo; puedo decir, por ejemplo, que aquel sonido era áspero, desgarrado y hueco; pero el espantoso conjunto era indescriptible, por la sencilla razón de que sonidos análogos no han hecho vibrar nunca el oido de la Humanidad. Había, sin embargo, dos particularidades que – así lo pensé entonces, y lo sigo pensando – pueden ser tomadas justamente como características de la entonación, como apropiadas para dar una idea de su espantosa peculiaridad. En primer lugar, la voz parecía llegar a nuestros oídos – por lo menos, a los míos – desde una gran distancia o desde alguna profunda caverna subterránea. En segundo lugar, me impresionó (temo realmente que me sea imposible hacerme comprender) como las materias gelatinosas o viscosas impresionan el sentido del tacto.
He hablado a la vez de «sonido» y de «voz». Quiero decir que el sonido era de un silabeo claro, o aún más, asombrosa, espeluznantemente claro. El señor Valdemar hablaba, sin duda, respondiendo a la pregunta que le había yo hecho minutos antes. Le había preguntado, como se recordará, si seguía dormido. Y él dijo ahora:
– Sí, no; he dormido..., y ahora..., ahora... estoy muerto.
Ninguno de los presentes fingió nunca negar o intentó reprimir el indescriptible y estremecido horror que esas pocas palabras, así proferidas, tan bien calculadas, le produjeron. El señor L***l (el estudiante) se desmayó. Los criados huyeron inmediatamente de la habitación, y no pudimos inducirles a volver a ella. No pretendo hacer inteligibles para el lectar mis propias impresiones. Durante una hora casi nos afanamos juntos, en silencio – sin pronunciar una palabra – nos esforzamos en hacer revivir al señor L***l. Cuando volvió en sí proseguimos juntos de nuevo el examen del estado del señor Valdemar.
Seguía bajo todos los aspectos tal como he descrito últimamente, a excepción de que el espejo no recogía ya señales de respiración. Una tentativa de sangría en el brazo falló. Debo mencionar también que ese miembro no estaba ya sujeto a mi voluntad. Me esforcé en balde por que siguiera la dirección de mi mano. La única señal real de influencia magnética se manifestaba ahora en el movimiento vibratorio de la lengua cada vez que dirigía yo una pregunta al señor Valdemar. Parecía él hacer un esfuerzo para contestar, pero no tenía ya la suficiente voluntad. A las preguntas que le hacía cualquier otra persona que no fuese yo, parecía absolutamente insensible, aunque procuré poner a cada miembro de aquella reunión en relación magnética con él. Creo que he relatado cuanto es necesario para hacer comprender el estado del somnámbulo en aquel período. Buscamos otros enfermeros, y a las diez salí de la casa en compañía de los dos médicos y del señor L***l.
Por la tarde volvimos todos a ver al paciente. Su estado seguía siendo exactamente el mismo. Tuvimos entonces una discusión sobre la conveniencia y la posibilidad de despertarle, pero nos costó poco trabajo ponernos de acuerdo en que no serviría de nada hacerlo. Era evidente que, hasta entonces, la muerte (o lo que suele designarse con el nombre de muerte) había sido detenida por la operación magnética. Nos pareció claro a todos que el despertar al señor Valdemar sería, sencillamente, asegurar su instantáneo o, por lo menos, su rápido fin.
Desde ese período hasta la terminación de la semana última – en un intervala de casi siete meses – seguimos reuniéndonos todos los días en casa del señor Valdemar, de cuando en cuanda acompañados de médicos y otros amigos. Durante ese tiempo, el somnánbulo seguía estando exactamente tal como he descrito ya. La vigilancia de los enfermeros era continua.
Fue el viernes último cuando decidimos, por fin, efectuar el experimento de despertarle, o de intentar despertarle, y es acaso el deplorable resultado de este último experimento el que ha dado origen a tantas discusiones en los círculos privados, en muchas de las cuales no puedo por menos de ver una credulidad popular injustificable. A fin de sacar al señor Valdemar del estado de trance magnético, empleé los acostumbrados pases. Durante un rato resultaron infructuosos. La primera señal de su vuelta a la vida se manifestó por un descenso parcial del iris. Observamos como algo especialmente notable que ese descenso de la pupila iba acompañado de un derrame abundante de un licor amarillento (por debajo de los párpados) con un olor acre muy desagradable.
Me sugirieron entonces que intentase influir sobre el brazo del paciente, como en los pasados días. Lo intenté y fracasé. El doctor F*** expresó su deseo de que le dirigiese una pregunta. Lo hice del modo siguiente:
– Señor Valdemar, puede usted explicarnos cuáles son ahora sus sensaciones o deseos?
Hubo una reaparición instantánea de los círculos héticos sobre las mejillas; la lengua se estremeció, o más bien se enrolló violentamente en la boca (aunque las mandíbulas y los labios siguieron tan rígidos como antes), y, por último, la misma horrenda voz que ya he descrito antes prorrumpió:
– ¡Por amor de Dios!... De prisa.-., de prisa..., hágame dormir o despiérteme de prisa..., ¡de prisa!... ¡Le digo que estoy muerto!
Estaba yo acorbadado a más no poder, y durante un momento permanecí indeciso sobre lo que debía hacer. Intenté primero un esfuerzo para calmar al paciente, pero al fracasar, en vista de aquella total sus pensión de la voluntad, cambié de sistema, y luché denodadamente por despertarle. Pronto vi que esta tentativa iba a tener un éxito completo, o, al menos, me imaginé que sería completo mi éxito, y estoy seguro de que todos los que permanecían en la habitación se preparaban a ver despetar al paciente.
Sin embargo, es de todo punto imposible que ningún ser humano estuviera preparado para lo que ocurrió en la realidad.
Cuando efectuaba yo los pases magnéticos, entre gritos de «¡Muerto, muerto!», que hacían por completo explosión sobre la lengua, y no sobre los labios del paciente, su cuerpo entero, de pronto, en el espacio de un solo minuto, o incluso en menos tiempo, se contrajo, se desmenuzó, se pudrió terminantemente bajo mis manos. Sobre el 1echo, ante todos los presentes, yacía una masa casi líquida de repugnante, de aborrecible putrefacción.

25 déc. 2008

El útero de piedra de Nenkovo (Bulgaria)

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Esta asombrosa estructura relacionada con antiguos ritos de fertilidad y fecundidad así como con la renovación anual de los ciclos de la Naturaleza fue descubierta y documentada en abril de 2001. Está situada en lo alto de la montaña en una zona agreste y montañosa sobre el Borovitsa Chalet, a unas 14 millas de Kurdzhali, en Bulgaria. No lejos de allí están los grandes complejos rocosos de nichos tracios de Rhodope oriental.

Esta cueva confirma que las teorías de Maria Gimbutas sobre la existencia de una Gran Diosa Madre neolítica no estaban muy descaminadas. Que la matriz de la Madre-Tierra era una fuente de poder, de renovación cíclica. Y que los cultos de fertilidad y las ceremonias de iniciación sexual se llevaban a cabo en estos sitios especiales, en lugares agrestes, en los que hombres y mujeres llevaban a cabo cada primavera los ritos de renovación de la vida, protegidos y auspiciados por la Gran Diosa Madre.

Una gran sorpresa aguarda al visitante, puesto que la entrada de la cueva es exactamente la entrada de de una vagina. Y se adentra en la cueva unos 65 pies.

Pero los expertos que han analizado el relieve están de acuerdo en considerar que el relieve natural cárstico correspondía solamente a unos 48 pies, siendo lo demás obra excavado artificialmente. Indudablemente, unas manos humanas continuaron la obra del agua que excavó el lugar durante milenios. Al final de la cueva, un altar excavado en la roca simboliza el útero mismo.

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Fig.1. El macizo de la cueva, villa de Nenkovo, Kurdzhali

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Fig.2. El Útero de Roca, Nenkovo, Kurdzhal, Bulgaria. Foto Chavdar Stoychev

La sorpresa real, sin embargo, tiene lugar al mediodía: cuando el sol se acerca a su punto más alto en el cielo, su luz penetra dentro de la cueva por una abertura especial de la roca y proyecta una perfecta y reconocible forma de falo de luz sobre el suelo.

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Fig.3. El falo solar acercándose al altar-útero dentro de la cueva. Villa de Nenkovo, Kurdzhali. Foto Chavdar Stoychev

Cuando al sol se alza más, y la luz se extiende por el interior de la cueva, el falo se alarga y llega al altar que simboliza el útero. Solamente durante algunos meses del año, enero y febrero, cuando el sol está bajo en el horizonte, el rayo de luz fálico tiene la longitud suficiente para llegar al altar y fecundar simbólicamente el útero. No cabe duda de que esta es la cueva-matriz de cuya existencia quedan recuerdos en antiguos mitos. Este fue el lugar donde los ritos órficos alcanzaron su clímax. También en la isla de Samotracia, en la costa tracia, en el Egeo, en un templo órfico, según los autores antiguos, jóvenes solteros eran iniciados en cultos sexuales (abitikos) con jóvenes mujeres tracias.

El significado de estas orgías es arquetípico. Según la tradición indoeuropea, el rey muere cíclicamente y renace de acuerdo con un ciclo cósmico anual. Para esta renovación, debe subir la montaña y llevar a cabo sacrificios de animales o una víctima humana así como llevar a cabo una unión sexual con la Diosa-Madre con lo que vuelve a renacer. Este es el antiguo mito del Hijo-Amante, nacido de la Diosa-Madre, que retorna a su útero en el momento de la cópula.

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Fig.4. Vista desde dentro de la cueva de la Matriz o Útero de Piedra, Nenkovo, Kurdzhali. Foto Chavdar Stoychev

Numerosos detalles de los extinguidos ritos órficos parecen sobrevivir en las montañas de Strandzha. Así, santa Marina vivía en una cueva en la que había un curso de agua. La imaginación popular suponía que era una corriente fecundante masculina que corría por la cueva-matriz. La misma Marina se creía que había sido concebida después de que su madre implorase al Sol. Una vez al año, jóvenes solteros y jóvenes doncellas se reúnen en las cuevas locales para tomar parte en el sacramento de la concepción. El paralelo con el relato de Herodoto es obvio. Este autor es el que se refería a los ritos sexuales que se llevaban a cabo en la cueva del templo de Samotracia. El mismo ritual tenía lugar en el antiguo templo órfico de Delfos y pasajes de Las Bacantes de Eurípides así parecen señalarlo: la orgías dionisíacas tenían lugar en las oozy, cuevas con aguas en las que se suponía que había sido educado Dionysos. El río Perpereshka tomas sus aguas de la proximidad de esta cueva sagrada y Perperikon, célebre lugar de culto de Dionysos está solo a unas doce millas.

Dra. Ana Mº. Vázquez Hoys .UNED, Madrid

Arqueólogos hallan el objeto religioso más antiguo del mundo

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Photo: The newfound python carved from stone in a cave in the Tsodilo Hills of Botswana contained more than 400 indentations that could have been made only by humans. Sheila Coulson / University of Oslo

El sorprendente descubrimiento de una serie de artefactos con 70.000 años de antigüedad junto a una cabeza de pitón labrada en piedra supone el hallazgo de los restos de rituales religiosos más antiguos del mundo. Algo que cambia la concepción de los científicos sobre la inteligencia humana, que hasta el momento se creía no desarrolló la capacidad para realizar este tipo de rituales hasta hace unos 40.000 años.

El hallazgo tuvo lugar en las colinas del desierto de Kalahari en Botswana, donde los arqueólogos encontraron la serpiente de piedra, de más de metro y medio de altura y más de seis de longitud.

"Se pueden ver la boca y los ojos de la serpiente. Parece una pitón auténtica", señaló Sheila Coulson, arqueóloga de la Universidad de Oslo integrante de la excavación. "Los rayos de luz solar sobre los grabados le daban apariencia de piel de serpiente durante el día y por la noche, con la luz del fuego, daba la sensación de que la serpiente se movía", añadió Coulson.

Más significativo resulta que, cuando Coulson y sus colegas excavaron un hoyo de prueba cercano a la figura, encontraron puntas de lanza hechas de piedra que suponen fueron llevadas al lugar ex profeso y quemadas en lo que los científicos creen fue algún tipo de ritual.

"Solo las puntas de lanza rojas fueron quemadas. Fue una destrucción ritual de objetos (ya que) no había señales de que fuera una morada normal. No se encontró ninguna herramienta ordinaria en el lugar", señalaron los investigadores.

La zona del hallazgo, las Colinas de Tsodilo, es el lugar más elevado en kilómetros a la redonda. Los lugareños la conocen como las "Montañas de los dioses" o "la roca que susurra".

La leyenda del lugar cuenta que la humanidad desciende de la pitón, y que los áridos y milenarios lechos del río que circundan las colinas fueron creados por las pitones en su reptar a su alrededor en su incesante búsqueda de agua. Una leyenda que acrecienta el interés del hallazgo.

"Lo que hemos encontrado implica que los humanos eran más organizados y desarrollaron el pensamiento abstracto mucho antes en la historia de los que previamente se creía", señaló Coulson. "Todos los factores sugieren que Tsodilo ha sido conocido por la humanidad durante casi 100.000 años como un lugar muy especial en el paisaje prehistórico", añadió la arqueóloga.

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El descubrimiento de la pitón no es lo único que ha llevado a los científicos a tan sorprendentes revelaciones: los arqueólogos hallaron además una cámara secreta tras el reptil labrado en piedra, con señales de haber sido usado durante años.

"El chamán, que continúa siendo una personalidad importante en la cultura San, podría haberse mantenido oculto en esa cámara secreta", explicó Coulson. "(Desde allí) tendría una buena vista del interior de la cueva manteniéndose oculto al mismo tiempo. Y cuando hablara escondido desde la cámara, daría la sensación de que la voz procedía de la propia serpiente. El chamán sería capaz así de controlarlo todo. Era perfecto", relató la arqueóloga a propósito del uso que los investigadores atribuyen a tan asombroso descubrimiento.

Fuente: TeleCinco.com, 1 de diciembre de 2006
Enlace: http://www.informativos.telecinco.es/objeto_religioso_mas_antiguo/arqueologos/piton/dn_36999.htm

20 sept. 2008

Experiencias cercanas a la muerte

Primera investigación a gran escala sobre las experiencias cercanas a la muerte

Aplicará las últimas tecnologías para explicar por qué hay conciencia cuando el cerebro está muerto


La Universidad de Southampton, en el Reino Unido, ha puesto en marcha el primer estudio a gran escala sobre las llamadas "experiencias cercanas a la muerte" o ECMs. En centros hospitalarios del Reino Unido, de Norteamérica y de Europa los científicos analizarán el fenómeno de las ECMs, descritas por personas que han estado al borde de la muerte y han sido reanimadas. Dichas personas afirman haber experimentado una serie de sensaciones durante su muerte clínica. La ciencia tratará de dar explicación a un fenómeno incomprensible pero que, gracias a las nuevas tecnologías, está pasando del campo de lo paranormal al terreno de la investigación empírica.
Por Yaiza Martínez.



Primera investigación a gran escala sobre las experiencias cercanas a la muerte

El Proyecto Conciencia Humana (el Human Consciousness Project), de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido, ha iniciado un curioso estudio, bautizado como AWARE, que supondrá la primera investigación científica a gran escala sobre las llamadas "experiencias cercanas a la muerte" o ECMs.

Se denomina ECM a la amplia gama de experiencias personales asociadas con la muerte inminente, y que consisten en las percepciones que ésta conlleva. Estas percepciones son conocidas gracias a los testimonios de personas que han estado a punto de morir o que han pasado por una muerte clínica, pero después han sobrevivido. En nuestros tiempos, las técnicas de reanimación cardiaca han ayudado a que el número de testimonios de este tipo aumente.

Las sensaciones relatadas por pacientes (como abandonar el cuerpo, levitar, miedo extremo, serenidad total, seguridad, calidez, absoluta disolución o la visión de una gran luz al final del túnel o de seres –que, según las creencias de cada individuo suelen identificarse con Dios, los ángeles, familiares fallecidos, etc.-) han hecho que se les dé a estas experiencias una perspectiva espiritual y paranormal.

Explicación científica

Pero, ¿qué explicación puede dar la ciencia a las ECMs? El estudio AWARE, que tratará de dar una respuesta a esta pregunta, será llevado a cabo por un grupo internacional de científicos y de médicos, que han unido fuerzas para analizar el cerebro, la conciencia y la muerte clínica.

Según informa la Universidad de Southampton en un comunicado, la investigación estará dirigida por el doctor Sam Parnia, un experto en el campo de la conciencia durante la muerte clínica, además de autor del libro What happens when we die?.

Parnia lleva ya años estudiando este fenómeno. En 2001, por ejemplo, la BBC publicaba que el investigador había hecho un estudio piloto en el hospital general de Southampton con 63 pacientes que habían sido reanimados tras estar clínicamente muertos.

Cuatro de ellos informaron, en entrevistas posteriores, que habían vivido experiencias paranormales, como atravesar un túnel y reunirse con familiares fallecidos. Algunas de esas personas, incluso, dieron detalles específicos de los intentos de resucitarlos. Parnia declaró entonces que "algún tipo de conciencia debe haber estado presente, puesto que, al regresar, pudieron contarnos lo que les había pasado".

En el comunicado de la Universidad Southampton, Parnia explica: "contrariamente a la percepción popular, la muerte no es un momento específico. En realidad es un proceso que comienza cuando el corazón deja de latir, los pulmones dejan de trabajar y el cerebro deja de funcionar. Es lo que en medicina se denomina "parada cardiorrespiratoria", que desde un punto de vista biológico es sinónimo de la muerte clínica".

Aplicación de tecnología

Al estado de muerte clínica lo sigue un periodo de tiempo, de entre unos segundos y una hora aproximadamente, en el que los esfuerzos médicos pueden conseguir revertir el proceso de la muerte. Conocer lo que las personas experimentan durante la muerte clínica supone una oportunidad única de comprensión del proceso humano de la muerte, explica Parnia.

Con esta finalidad de conocimiento, y tras una fase piloto del estudio de 18 meses de duración desarrollada en diversos hospitales del Reino Unido, la investigación se extenderá ahora para incluir otros 25 centros hospitalarios británicos, europeos y norteamericanos.

El estudio AWARE aplicará una sofisticada tecnología para estudiar el cerebro y la conciencia humanos durante las paradas cardiorrespiratorias. Al mismo tiempo, probará la autenticidad o no de las llamadas experiencias fuera del cuerpo examinando la capacidad de "ver" y "oír" durante el estado de muerte clínica. Para ello, los investigadores utilizarán imágenes aleatoriamente generadas, que se ocultarán para poder ser vistas sólo desde arriba.

El estudio se completará con la investigación BRAIN-1 (Brain Resuscitation Advancement International Network - 1), que consistirá en realizar tests psicológicos a pacientes que hayan sufrido paradas cardiorrespiratorias, y en la aplicación de técnicas de registro de la actividad cerebral para intentar determinar métodos que mejoren el cuidado médico y psicológico de enfermos en este estado.

Pruebas empíricas

Lo cierto es que este tema despierta un notable interés entre los científicos. Desde esta perspectiva, estudios recientes llevados a cabo por investigadores independientes han aportado ya algunos datos, como que entre el 10 y el 20% de las personas con parada cardiorrespiratoria y muerte clínica analizadas han presentado, en ese periodo, procesos mentales estructurados, capacidad de razonar e, incluso, recuerdos detallados de la situación en la que se encontraba su cuerpo, de su entorno entonces o de las personas que intentaron reanimarlos.

Asimismo, en 2001, una investigación médica realizada en hospitales holandeses con 344 pacientes que habían sufrido la muerte clínica por efecto de crisis cardíacas estableció que el 18% de ellos recordaba haber vivido experiencias mientras su cuerpo estaba sin vida.

Más recientemente, la BBC se hizo eco de la publicación del libro "Near Death Experiences of Hospitalized Intensive Care Patients, a Five Year Clinical Study" escrito por Penny Sartori, una enfermera de cuidados intensivo del hospital Singleton del País de Gales, que tras cinco años de estudio del fenómeno de las ECMs, decidió plasmar los datos recopilados para ayudar a los profesionales médicos a tratar con los pacientes reanimados.

Todas estas investigaciones se enmarcan en los estudios que, durante años, han llevado a cabo psiquiatras como Elisabeth Kübler-Ross o George Ritchie. En la actualidad, y a pesar de que el tema de las ECMs haya sido tradicionalmente considerado materia para el debate filosófico, los avances en la ciencia y, especialmente, en las técnicas de reanimación y de resucitación, lo han ido llevando cada vez más al terreno empirista.

15 sept. 2008

Nueva Teoría sobre el Universo

La información sería el componente fundamental de la naturaleza


Es la que especifica el cuándo, dónde, cómo y cuánto del espacio, del tiempo y de la materia

El Big Bang que dio lugar al nacimiento del Universo tendría más que ver con una gigantesca “bajada” de bytes de información por parte de un superordenador, que con una explosión masiva de materia, según una nueva teoría que establece que en su origen la naturaleza está formada únicamente por pequeños paquetes de información pura que son los que especifican el cuándo, dónde, cómo y cuánto del espacio, del tiempo y de la materia.

Por Raúl Morales.


El ser humano continúa con su carrera particular para descubrir lo que siempre ha querido saber: quiénes somos y de dónde venimos. Esas dos preguntas esenciales son, en realidad, el motor gracias al cual se mueve gran parte de la investigación científica de todos los tiempos.

En esta carrera por buscar certezas, cosas tan inquebrantables para explicar el origen del mundo como son los átomos o los quarks están quedando relegados a segundo término para dar paso a nuevas teorías.

Una de las más interesentes, postulada por un grupo de físicos entre los que se incluyen el Premio Nóbel danés Gerard t´Hooft y el físico de la Universidad de California Raphael Bousso, afirma que en el origen de la naturaleza podría haber únicamente ultrapequeños paquetes de información pura.

Según explica al respecto Newsfactor, esta teoría, basada en el “Principio holográfico”, establece que la información (“información” en este caso significa bits fundamentales de materia y las leyes físicas que los gobiernan) especifica el cuándo, dónde, cómo y cuánto del espacio, del tiempo y de la materia. La información sería pues, una variable para llegar a una “teoría del todo”.

Más allá de las cuerdas

Según la teoría cuerdas, el espacio está descrito por la vibración, en miles de maneras, de diminutas cuerdas de una dimensión. Una cuerda vibrando arriba y abajo a cierta frecuencia podría crear un átomo de helio o una ola gravitacional, tal y como las cuerdas de una guitarra crean diferentes sonidos a diferentes frecuencias.

Los teóricos de esta teoría han mantenido hace mucho tiempo que estas cuerdas son el componente fundamental de la naturaleza. El “Principio Holográfico”, sin embargo, cambia esta noción y mantiene que, mirando más de cerca una cuerda, se ven bits cuánticos, llamados “baldosas de Planck”, que, engarzados, dicen a las cuerdas como tienen que vibrar.

Estas “baldosas de Planck” son bits cuadrados que delimitan un “área de Planck”, o lo que es lo mismo, un trillón de un trillón, de un trillón de un trillón de un trillón de un trillón de un centímetro cuadrado. Una cuerda de baldosas de Plank sería la versión natural de un byte.

El “Principio Holográfico”, descrito por Gerard t´Hooft y Leonard Susskind y refinado Bousso, nos permite saber cuántos datos (bits y bytes) son necesarios para decirnos en detalle cada cosa que ocurre en cualquier región del espacio.

Conjunto de bits preprogramados

Esto quiere decir, en definitiva, que la naturaleza sería un conjunto de bits preprogramados. De ser esto cierto, el Big Bang que dio lugar al nacimiento del Universo, tendría más que ver con una gigantesca “bajada” de bytes de información por parte de un superordenador, que con una explosión masiva de materia.

El principio holográfico toma su nombre de otra ingeniosa predicción. Un holograma es una fotografía generada por láser que aparece como de tres dimensiones pero que, en realidad, contiene toda su información en una superficie plana de sólo dos dimensiones, como se puede ver en este ejemplo. Es decir, toda la información necesaria para crear un imagen en 3-D está codificada en la superficie del holograma.

En 1993 dos físicos de partículas, trabajando separadamente, llegaron a la conclusión de que el Universo en sí tendría que almacenar información de la misma manera. El mundo sería, pues, un holograma.

Los teóricos, una vez asumido que la cantidad e información requerida para describir un objeto de tres dimensiones (ya sea un libro, una agujero negro o el universo en su conjunto) está relacionada con el volumen del objeto, sospechan que dicha información puede ser codificada sobre la superficie del objeto.

Nueva descripción del mundo

Recientemente, Raphael Bousso, ha ayudado a formular de un modo más preciso este principio. El mundo no aparece ante nosotros como un holograma, pero en términos de información necesaria para describirlo, sí que se puede afirmar que el mundo es un holograma, afirma en declaraciones a Scientific American

La cosa más asombrosa es que el “Principio Holográfico” funciona para todas las áreas y en todos los espacios-tiempo (...) Lo que esto nos está indicando es que hay una descripción del mundo que deberíamos estar buscando y que sería más “económica” que la tenemos actualmente.


http://www.tendencias21.net/La-informacion-seria-el-componente-fundamental-de-la-naturaleza_a200.html