4 feb. 2011

El bosque de Bomarzo - Silo

Bomarzo. La Opera.

Antes de correrse el telón, la voz del niño pastor inunda la sala:

“No me cambio, en mi pobreza,
por el duque de Bomarzo.
Tiene rebaño de rocas
y es de ovejas mi rebaño.
Con lo que es mío me basta,
con esta paz de Bomarzo,
la dulce voz del arroyo,
de las cigarras el canto...


Hay un acto I, escena III, llamado “El horóscopo”. Más adelante, la escena de “La alquimia” y, por último, la de “El parque de los monstruos” en donde aparece una enorme y grotesca cara tallada en piedra. Entonces, un barítono define la situación en esta estrofa:

“Es noche para amar, como ninguna.
Para morir también, pues todo tiembla
con el misterio de las horas únicas.
Y los monstruos enormes que mi hermano
manda esculpir en piedras taciturnas,
acechan a quien osa
andar por la espesura.”

Noticias sobre el parque
Cerca de Viterbo, a cien kilómetros de Roma, existe un bosque hoy publicitado como “Parco dei Mostri”. Llegan a visitarlo diversos tipos de turistas. No faltan quienes se acercan atraídos por la mística del lugar, ya que en algún momento llegó hasta ellos un rumor fomentado por comentarios boca a boca, artículos periodísticos y programas televisivos. El núcleo de ideas es más o menos este: “El bosque sagrado de Bomarzo fue creado por un señor Orsini en el S. XVI. La concepción del parque es netamente esotérica y quien sabe caminar ordenadamente entre sus monumentos, realiza una transformación interna similar a la que efectuaron los alquimistas en sus laboratorios.”

El Sacro Bosco de Vicino Orsini pasa, en 1645, a la familia della Rovere. De aquella época sólo se conservan algunos dibujos sin comentarios. Después de un silencio que dura hasta 1845, reaparece el parque en manos de la familia Borghese. En 1953 un artículo periodístico llama la atención sobre el Bosque. En 1955 se publican varios estudios. En 1954 adquiere el predio Giovanni Bettini, quien hace importantes modificaciones al quitar las murallas limítrofes, esbozar caminos internos y modificar las posiciones de los monumentos (las esfinges, los obeliscos y otros). Luego de restaurar algunas esculturas, el parque es habilitado al público. En 1955 un grupo de profesores de la Facoltà di Architettura di Roma hace una investigación de archivos y un trabajo de campo, con levantamiento de planos. En 1958 Mujica Lainez visita el lugar y en 1962 publica su novela Bomarzo que da lugar al libreto de la ópera homónima escrita en colaboración con Ginastera y estrenada en 1967. A partir de ese momento, numerosos artículos, libros y películas comienzan a difundir una imagen estereotipada del Sacro Bosco. Desde luego que aparte de los trabajos encarados con seriedad científica, aparecen las fantasías que, inspirándose en la novela y ópera Bomarzo, fuerzan interpretaciones apoyadas en un tipo de Psicología profunda que fue popular en la década del ‘70.



El lugar
El Sacro Bosco se encuentra al pie del pueblo de Bomarzo. Franqueando una entrada se presenta ante los ojos un bosque conservado en estado “salvaje”, matizado por algunas coníferas y unas pocas especies cultivadas. Seguramente, este bosque en la época de Orsini se presentaba muy parecido al de Nemi, por lo demás bastante próximo, en el que se levantaba el santuario de Diana Nemorensis o Diana del Bosque. Como el de Nemi, mostraba numerosos robles salpicados aquí y allá con el sagrado muérdago del que Eneas cortó una rama dorada para poder entrar a los infiernos. Pero hay más que variedad arbórea, arroyos, vallados, construcciones y piedras esculpidas. Hay, sobre todo, un ambiente que está regido por la estética manierista en la que el jardín renacentista despersonalizado ya no tiene lugar. Aquí, es ahora realzada la experiencia personal.
En este bosque la unidad visual y la coherencia del espacio se han esfumado. Se ponen en un mismo nivel de importancia los lugares que ocupan posiciones opuestas en la imaginería de la época. De este modo, cielos e infiernos pueden coexistir con toda naturalidad. Esto se hace manifiesto en la estatuaria que deriva de figuras esculpidas en el lugar aprovechando las rocas que ya existen. El artista tomará los elementos que están a la mano y aprovechará las condiciones topográficas para diseñar su jardín. Quedará de manifiesto una contínua alegorización inspirada en mitos y leyendas que causen “maravilla” y asombro en el espectador. Aquí ya ha cambiado el sistema de ideación afecto al geometrismo, el equilibrio y la racionalidad que pocos años antes se enseñoreaba en los paseos, jardines y villas de la europa cultivada.

Para quien esté interesado en comprender la formación y el proceso de imágenes miticas profundas originadas a partir del Humanismo occidental y que llegan hasta nuestros días, este bosque resultará paradigmático. Habrá que rescatar las fuentes de inspiración en las que abrevaron Vicino Orsini y los artistas que trabajaron en Bomarzo para comprender los significados de esfinges, ogros, semidioses y animales fabulosos que pueblan el lugar.

Antecedentes bibliográficos
Una primera noticia bibliográfica da cuenta de las cartas cruzadas entre Pierfrancesco Orsini y el alquimista francés, Jean Drouet. Los corresponsales eran conocedores de Amadigi, de Bernardo Tasso y Orlando Furioso, de Ariosto. Pero aquellos hombres consideran por sobre toda otra literatura, a ese extraño libro titulado Hypnerotomachia Polifili y que ha sido una de las fuentes más importantes de una profusa producción literaria, pictórica y escultórica. Por lo demás, su influencia se va a hacer sentir en numerosas producciones arquitectónicas y hasta en el diseño de jardines. Debemos tener en cuenta la primera edición veneciana de 1499, un in-folio ilustrado con 171 grabados en madera en los que se puede observar la representación plástica de las descripciones del texto.


Tomando el primer capítulo del Sueño de Polifilo (lucha de amor en sueños de Polífilo), ilustrado por el primer grabado, vemos la figura del protagonista entrando en el bosque. El texto viene en nuestra ayuda: “...duras encinas silvestres, fuertes robles y encinas llenas de bellotas y de ramas tan abundantes que no permitían llegar completamente los gratos rayos del sol al suelo cuajado de rocío”. Así va continuando la abarrotada descripción del libro hasta llegar a interminables encuentros (ilustrados por los grabados), con construcciones abandonadas, pirámides al estilo egipcio, cúpulas, torres y panteones, templos y obeliscos. También aparecen grandes ánforas y vasos gigantes; árboles maravillosos, máquinas e ingenios incomprensibles. Por supuesto que elefantes, caballos alados y dragones no dejan de presentarse. Las procesiones, ceremonias y rituales se suceden mostrando doncellas y efebos dispuestos a la práctica de la religiosidad pagana y a los lances amorosos. Y están, claro, los transformismos del sueño de Polifilo que presentan a su amada Polia en las opuestas facetas de la mística y la criminalidad.

También juegan un importante papel los jeroglíficos que son comentados extravagantemente. He aquí un ejemplo: “Cuando por fin regresé a la plaza, vi un pedestal de pórfido, dignísimamente cincelados alrededor, estos jerogíficos: primero un bucráneo con dos instrumentos agrícolas atados a los cuernos; y un altar sostenido sobre dos pies de un macho cabrío y con una llama ardiente encima, y en su frente un ojo y un buitre; luego una jofaina y un aguamanil... eran estos jeroglíficos escrituras realizadas en óptima escultura. Medité sobre estas antiquísimas y sagradas escrituras y las interpreté así: EX LABORE DEO NATVRAE SACRIFICA LIBERALITER, PAVLATIM REDVCES ANIMVM DEO SVBIECTUM. FIRMAM CVSTODIAM VITAE TVAE MISERICORDITER GVBERNANDO TENEBIT, INCOLVMENQVE SERVABIT”

Si bien el Sueño de Polifilo es la fuente bibliográfica inmediata que sirve de inspiración a los artífices del bosque de Bomarzo, la imaginería de ese libro tiene, a su vez, antecedentes muy lejanos. Respecto a los jeroglíficos comentados más arriba, debemos destacar que ya en 1422 se había comenzado a difundir los Hieroglyphica constituyéndose en una moda escribir, pintar y esculpir en ese estilo recargado de alegorías y de signos, en muchos casos indescifrables. Tal vez una de las mejores expresiones del arte jeroglífico la podamos encontrar en “El Arco Triunfal de Maximiliano” grabado en madera por Durero en 1515. Así pues en el Sueño de Polifilo, como en tantas obras hasta entrado el siglo XIX (y aún hoy en los textos ocultistas), siguieron teniéndose en cuenta las interpretaciones jeroglíficas basada en los Hieroglyphica que cayeron en total desprestigio cuando se descifró efectivamente el lenguaje egipcio en 1822.
La bibliografía inspiradora de los artífices del Sacro Bosco, es muy extensa y, desde luego, no se limita al Sueño de Polifilo sino que está ligada indisolublemente a las producciones de los humanistas del siglo XV influidos por el pensamiento bizantino y por el redescubrimiento del acerbo alejandrino del siglo III. Por otra parte, no solamente concurre aquí una abundante literatura sino una tradición oral que pasa a través de los arquitectos, diseñadores y escultores. 


El bosque
Tenemos en nuestras manos un catálogo, casi un inventario, que da cuenta de los objetos “maravillosos” del Bosque. Allí se menciona a unas esfinges; al monumento a la Triple Luz; a la Gigantomaquia; las harpías; la tortuga gigante; el can Cerbero; el elefante rematado en una torre; el Pegaso y el dragón haciendo frente a una fiera. También se mencionan los lugares sagrados: la fuente de Neptuno; la torre inclinada de meditación; la caverna de las ninfas; la fuente de la vida. En ese material preparado para orientar el orden de las fotografías que debe tomar el turista, también se discurre sobre la luz del lugar; sobre la vegetación; los arroyos; los planos ascendentes y descendentes; las escalinatas; las grutas artificiales; los paseos de las ánforas alineadas... Bien vale la pena destinar una mañana a ver con cuidado ese esfuerzo realizado hace más de cuatrocientos años. También será interesante seguir a un grupo de visitantes mientras escucha al guía que diserta sobre las ceremonias mágicas que se realizaban en el lugar, sobre los alquimistas que, haciendo un recorrido iniciático, terminaba adquiriendo un conocimiento inefable.
Llegaremos al bosque bordeando un arroyo. Se presentará un río, un puente y una puerta almenada que ostenta el escudo de los Orsini. Entraremos al espacio que Pierfrancesco llamó en varias de sus cartas, “El Sacro Bosco”.
Dos “esfinges ginocéfalas” enfrentadas reciben al visitante. Las criaturas fabulosas, reposando sobre sus pedestales, presentan sus acertijos escritos en piedra. Pero he aquí nuestra primera sorpresa. No se trata de los clásicos acertijos que presentan estos monstruos. No son dechados de profundidad sino suertes de carteles publicitarios redactados con el gusto y estilo de la época. Una esfinge nos invita a responder a su exigente reclamo: “TU CH’ENTRI QUI CON MENTE PARTE A PARTE ET DIMMI POI SE TANTE MARAVIGLIE SIEN FATTE PER INGANNO O PUR PER ARTE”. La inscripción de la otra esfinge dice: “CHI CON CIGLIA INARCATE ET LABRA STRETTE NON VA PER QUESTO LOCO MANCO AMMIRA LE FAMOSE DEL MONDO MOLI SETTE”. Se trata de una reconvención y un reclamo hecho a la “seriedad”. De paso, se menciona a las siete maravillas del mundo dejando que asociemos con la octava. Respiramos aliviados al comprender que hay allí un humor desmañado, no exento de petulancia, pero alejado de la pesada solemnidad. Viendo esto, nada mejor que seguir buscando los mensajes que nos dé, directamente y sin intermediación de teorías interpretativas, el artífice del Bosque.

Encontrando la “lucha entre gigantes”, leemos en una estela de piedra emplazada a la izquierda del monumento: “SE RODI ALTIER GIA FU DEL SUO COLOSSO PUR DE QUEST IL MIO BOSCO ANCO SI GLORIA E PER PIU NON POTER FO QUANTO POSSO”. Un caso más de autoglorificación.
En el llamado “ninfeo” encontramos una inscripción, desafortunadamente muy borrada por el paso del tiempo.Solamente podemos rescatar estas palabras: “L’ANTRO LA FONTE IL LI... D’OGNI OSCUR PENSIER...”.
Y buscando nuevas inscripciones llegamos al “teatro” que, como en todo jardín romano importante no podía faltar. En el proscenio se puede leer con dificultad: “PER SIMIL VANITA MI SON AC...(CORDA)...TO D’ONORARE...”. Al pie de ese escenario se han colocado partes de dos obeliscos que han sido desenterrados recientemente. Uno de ellos dice: “VICINO ORSINO NEL MDLII”.25 El otro anuncia “SOL PER SFOGARE IL CORE”.
En una urna cercana a la “fuente de Neptuno” una inscripción dice: “NOTTE ET GIORNO NOI SIAM VIGILI ET PRONTE A GUARDAR DOGNI INGIURIA QUESTA FONTE”. Y en otra: “FONTE NON FU TRA CHINGUARDIA SIA DELLE PIU STRANE BELVE”.
Llegando al “Orco”, al ogro, vemos en el labio superior del monstruo, esta leyenda: “OGNI PENSIERO VOLA”.
Hay por allí una “banca etrusca” que en su respaldar dice: “VOI CHE PEL MONDO GITE ERRANDO, VAGHI DI VEDER MARAVIGLIE ALTE ED STUPENDE VENITE QUA, DOVE SON FACCIE HORRENDE ELEFANTI, LEONI, ORSI, ORCHI ET DRAGHI”. Es una invitación a ver un parque de diversiones.
Una inscripción en la “rotonda” reitera la publicidad desembozada del Bosque: “CEDAN ET MEMPHI E OGNI ALTRA MARAVIGLIA CH EBBE GIAL MONDO IN PREGIO AL SACRO BOSCO CHE SOL SE STESSO ET NULL ALTRO SOMIGLIA”.
Las inscripciones nos han permitido comprender las intenciones de los artífices de Bomarzo. Por lo menos hemos entendido los mensajes directos de Pierfrancesco Orsini. Pero expuesto así el interés de esta visita, quedamos ante un vacío de significado...
No hemos incursionado en la imaginería de este Bosque porque aquella no es de su exclusivo patrimonio sino que se trata del paisaje comun en que se expresa la mística del Renacimiento. Una mística a veces apenas esbozada y a veces, como en este caso, presentada rotundamente.
Si por necesidad epocal, o por dar relieve a la ingeniosa personalidad del señor del lugar, los arquitectos, diseñadores y escultores, apelaron a temas alquímicos, astrológicos y mistéricos, no por ello podemos pretender que aquellos artífices supieran cabalmente con qué significados estaban tratando. De todas maneras, las expresiones de esa mística están ahí frente a nuestros ojos y entre numerosos absurdos se acumulan materiales valiosos como sucede en algunos desvanes abandonados. Seguramente, crecerá la información (o mejor, la desinformación) sobre el Bosque de Bomarzo. Podremos consultar las bibliotecas virtuales, podremos hojear los libros que desordenadamenrte hablarán de los astros, de la piedra filosofal, y hasta del inconsciente colectivo, pero nada de eso facilitará el acceso a un ambiente cultural complejo que comenzó a forjarse en el sincretismo helenístico de la antigua Alejandría.


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