28 may. 2012

No hay mayores enemigos del pueblo que los banqueros. SILO (Madrid 1993)

… especuladores y usureros fanáticos de la “religión del dinero”. El valor del dinero es lo prioritario, hasta tal punto que estamos frente a una verdadera idolatría al dinero que va generando una suerte de religión monetarista. Como consecuencia todos los valores humanos se trastocan; nadie confía en nadie; Ninguno vale por lo que es sino por lo que posee, mejor dicho: por lo que puede poseer en un corto plazo de tiempo. Se traicionan todas las relaciones mientras se crea otro extremo social con todas las lacras de pobreza extrema, alcoholismo, drogadicción, delincuencia, crimen y narcotráfico (con lo cual no sólo aumenta la droga sino también una economía violenta en base a capitales ilícitos).

Estos fanáticos del dinero no respetan nada, ni siquiera la industria (que da progreso y puestos de trabajo), de modo que pueden despedir centenares de personas sin pestañear, en la ávida búsqueda de un rédito inmediato. De modo que los financieros usureros de la banca internacional y sus acólitos son los responsables de la violencia económica que genera los demás tipos de violencia social.

La “idolatría del dinero” en la que se basan es la máxima deshumanización ya que las personas no importan sino la cuenta bancaria, las tarjetas de crédito, etc., créditos usureros que se basan en el “compre ahora y pague después”, apoyándose en el aparente registro de ilusorio alivio que da el poder disponer de un dinero que se podrá pagar más adelante cómodamente.

Evidentemente esto no es así, pues los intereses y las subidas correspondientes (máximo recurso de violencia económica) hacen onerosa su devolución y esclaviza al deudor. Este esquema se ejercita tanto con las personas como con grupos, empresas y países. Al estar detrás una mentalidad analítica, que es de mucha utilidad para lo ocasional y coyuntural pero nula cuando se trata de atender a procesos o relaciones, no se ven las consecuencias del procedimiento, las derivaciones, la irritación social que produce esa acción. No pueden percibir los procesos y mucho menos las consecuencias sociales, solamente los éxitos parciales y ocasionales que, en rigor, no son sino estafas históricas.

De los éxitos particulares no se desprende un éxito global, pero de la suma de esas parcialidades sí puede derivar una crisis generalizada como la actual.

No ven el malestar general causado, y ésto es así no por falta de capacidad sino, simplemente porque no les conviene a sus intereses. Por otro lado, consiguen enredar todo con el muy conocido bandolerismo semántico a través del cual dicen una cosa pero sucede otra muy distinta, como la “sociedad libre”, el “libre mercado”, “libre competencia”, etc… y la libertad no se ve por ningún lado.